Como
ustedes saben y si no lo saben se los voy a explicar, hablar de mujeres hoy en día
es un cuchillo de doble filo, porque puede que en algún momento de la explicación
de tu teoría hagas un comentario o muy machista o muy feminista y como no hay
palabra mal dicha si no mal interpretada, todo lo bueno que podías haber
logrado en los primeros compases de la conversación podría irse al suelo en
menos de un pestañeo. Y como eso es un riesgo que todos tomamos en algún momento
por hacer un bonito gesto arriesgándonos a si le agrada o no el detalle, pues
hoy yo voy a tener la osadía de expresarme sobre las mujeres de una manera muy
particular y poco usual, quizás con menos romanticismo del que suelo tener,
pero con un poquito más de atrevimiento en ideas distintas que acabo de tener, así
que, ahí voy.
En
cualquier parte del mundo se encuentra esa mujer paradisiaca que a todo hombre
le gusta una vez por lo menos en la vida, esa que con tan solo verla es como si
estuvieses a mitad de un desierto muerto de sed y agotado ya por el calor, de
repente a lo lejos, ves ese oasis con abundante sombra y refrescante agua para
olvidar el calor en el cual estas metido, y aunque no sabes si es un espejismo
producido por el agotamiento, corres hacia el con la esperanza de que sea toda
una realidad hasta que llegas y ves que en verdad esta ahí y que no es un
producto de tu imaginación. Claro, algunas dirán ¿Qué demonios tiene que ver un
oasis con nosotras? Bueno se los diré de la siguiente manera a ver si me
entienden y si no pues piensen como hombre 5 minutos y seguro lo harán.
El ejemplo
es el siguiente: Hay un chamo sentado en un banquito en algún lugar de la tierra, esta ahí
solo, fumándose un cigarrillo o lo que ustedes prefieran ponerle a su historia,
esta haciendo mucho calor y el sitio esta prácticamente desolado y el esta
esperando para irse a su casa, de repente siente un soplo de brisa fresca que
lo hace olvidar el sofocón por un momento y lo hace voltear hacia donde corre
el viento, para su sorpresa a lo lejos en el mismo lugar desierto donde se
encuentra el, hay una mujer sentada en otro banquito, aun con la distancia el podía
ver como la brisa le hacia volar el cabello ha aquella chica descubriéndole el
rostro a la vez. Como aquel oasis que ya les había comentado antes, el chico
camino hacia aquel lugar donde se encontraba aquel espejismo en busca de compañía
y ese lugar mejor para estar, tras varios pasos llega ha aquel lugar donde se
encontraba la mujer y con timidez le dirige la palabra para saludarla.
La
chica levanta la cara y con una sonrisa le contesta el saludo, el chico al ver
que ella volteo y sonrió se dio cuenta de que aquel espejismo que observaba a
la distancia era una realidad, que ese cabello liso y oscuro como su propia
sombra que el viento hizo volar descubriéndole la cara ha aquella señorita que
tenia dos luceros por ojos de lo mucho que brillaban, era de verdad y no algo
que se iba a desvanecer al acercarse, que aquella sonrisa espectacular y grande
que lo saludo no iba a irse a ningún lado, por lo menos no en ese instante, por
lo menos aun no.
Con
voz titubeante aquel chico empezó a hablarle a ese espejismo hecho realidad, y
al entablar conversación pensó si aquella chica seria una sirena que tal como
hechizaba a los marineros con su dulce voz en épocas ya extintas, lo atraía hacia
ella quitándole las ganas de irse a su casa y deseando que aquel momento nunca
acabase ya que al escuchar esa voz sexy que cada vez lo atraía más, se sentía
muy seguro y tranquilo. Luego de escucharla hablar por 2 horas la hermosa
sirena le dijo que tenia que irse ya porque su tiempo en ese banquito se había acabado,
pero que regresaría mañana a la misma hora y al mismo banquito desde el cual le
hablo, el chico un poco triste por la noticia decidió decirle lo bonita que el
la consideraba y comentarle aquellas aptitudes que la hacen única y diferente a
las demás, ella al escucharlo le dio las gracias con un beso y le dijo que lo
esperaba mañana para seguirla escuchando y que esta vez ella seria la que lo saludaría
a el, así se despidió y el chico viéndola alejarse en la distancia pensó y
deseo que ya fuese mañana para volver a escuchar a su sirena 2 horas más.
Esa fue mi explicación, no se si el
cuchillo de doble filo me alcance a mi, pero si aun no han entendido estoy
seguro que alguien si lo hará. Solo hace falta leer bien y ponerse a pensar en
el chico para que puedan entender, nada más, porque así como cada hombre ve su
oasis a la distancia, las chicas también lo suelen hacer, piénsenlo bien y verán
que todos tenemos ese oasis imaginario que descubrimos que era realidad.
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